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katakrek

Retazos

La importancia de llamarse Fumabensa

Este verano he pasado por unos de esos estadios de cambio que te depara el destino. Lo he pasado mal, pero me he fortalecido. No es que haya pasado ninguna desgracia ni que me haya atacado algún virus letal. No, es una cuestión de curro. Y no os quiero aburrir con los detalles. Pero como iba diciendo, he aprendido mucho, tanto moral como técnicamente. Y todo el puñetero verano me ha acompañado una vieja sensación. La de no tener ni puta idea de la vida. Esa sensación de: Si todo el mundo habla mi mismo idioma… ¿cómo es que no entiendo nada? La gente utilizaba palabros que tenían un significado totalmente desconocido para mí, un universo léxico inabarcable se abría ante mis ojos, cual marabunta insectil, y yo ponía cara de poker, asintiendo con seguridad (que es lo más importante del mundo, aparentar que sabes algo, aunque te estén entrando ganas de llorar), diciendo cosas como porsupuesto, claroquesí, y comonolovoyasaber.
Palabros como eslingar (no, no es un sistema de sodomización mariachi), picaje (nada que ver con las pulgas y demás liendres), embridación, califugación (primo hermano del supercalifragilístico), rácor (de los 100 metros valla), tubing (que monada), junta espirometálica (¿¡Quién no tiene tres o cuatro en casa!?), presostato, y demás lindezas que mi mente se ha afanado por borrar por completo.
¿De donde salen estas palabrejas?¿Porqué coño me las señala el Word como falta de ortografía?¿Acaso todos los técnicos del mundo hablan mal? Enigmas sin respuesta amigos.
Ahora, escribiendo esto, me he acordado de otra palabra recientemente descubierta, solo que esta es particular. Así como he adivinado que significan todas las anteriores, a ésta aún la envuelve el misterio. Me refiero a Fumabensa (o fumabenqa): Podría mirar el diccionario, pero creo que estas cosas deben salir del acerbo popular, sino no tendría gracia. Dice el mito, que a esta palabra se la puede ver escrita en ciertos móviles, con la opción de diccionario T9 activada, al escribir Evocadora. Comprobadlo.
La noche que lo descubrimos mis amigos y yo fue la palabra más utilizada (por encima de las que normalmente utilizamos, a saber: joder, birra y complutense). Y para nosotros pasó a ser parte de nuestro vocabulario. Esto me hace reflexionar sobre quién cojones inventó las palabras que normalmente utilizamos. Cómo surgieron todas y cada una de ellas. ¿Un buén día traspasaron el significado personal para utilizarse cotidianamente como palabra de uso? Eso es lo que dice la historia y la lógica. Entonces podría darse el caso de que dentro de unos años todo el mundo estuviera fumabensa esto, fumabenseando las cosas, que la gente se sintiera fumabenseada, tal y como ha pasado con palabras como fistro y diodenar, perpetaciones léxicas atribuidas a Maese Chiquito. Eso me llenaría de gozo.
Como seguramente habréis notado, este texto no lleva a ninguna parte, no se puede extraer ninguna conclusión útil. Si acaso lo que se comprueba es que este parón estival me ha hecho más mal que bién. Si es que es posible que esté peor que antes. Vosotros decidiréis este invierno. Porque he vuelto. Si es que alguien lee esto y le importa lo más mínimo.
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