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katakrek

Depredador sesuá

Depredador sesuá

            Debido a que el Tío Bush está preocupado por el tema de los curas homosexuales en EEUU, inicia una cruzada mundial para paliar el problema. En el ocaso de la batalla, se da cuenta de que, escondido en algún ligar de la jungla colombiana, se esconde el Cardenal Camarlengo, que después de haberle dado pasaporte al Papa, y ya desligado de sus obligaciones, está sodomizando a todo un regimiento de insurgentes locales. Visto lo visto, manda a El chuache y sus compañeros de la fundición, todos hipermusculados, para poder así infiltrarse en los baños gays de la provincia y contactar con el desviado cardenal.

            Una vez instalados en el campamento, se dan cuenta de que todos los militares del regimiento enemigo tienen más pluma que Boris Izaguirre en Chueca a las doce de la noche de un sábado, con lo que deciden darles pasaporte a todos menos a la chica, que se la guardan para utilizarla de receptora de todo el amor que acumulan.

            Visto el cáncer que está extendiendo el honorable cardenal por toda la jungla, deciden darle caza y así eliminar la pluma obispal de una vez por todas.

            Por su parte, el otrora papable, viendo que le han quitado toda posibilidad de desfogarse con los militares del lugar, decide seducir a la cuadrilla musculada.

            Primeramente, para allanar el terreno, decide sodomizar al más delgadito, pero viendo que el pesado no hace más que darle el coñazo con las anécdotas sexuales de él y su novia, le da pasaporte. Seguidamente, como necesita a un hombre de verdad, se fija en el tejano. ¡Como le pone! Ese bigote, ese sombrero, esa chulería mascando tabaco,… Pero como los dos son machos muy machos, deciden practicar una doble penetración frontal, y ante la imposibilidad de la apertura uretral, al camarlengo se le escapa la mira láser y le acaba haciendo un estropicio abdominal. Viendo frustrada su intentona, ve claro que es el momento de emociones fuertes y llega a la conclusión que le apetece montárselo de forma interracial, con dos negros, que según tiene entendido, seguro que son los que tienen las escopetas de calibra superior del grupo. Pero la jugada le sale mal, porque el primero le pide posturas raras y, debido a malos recuerdos de su etapa monacal no soporta la presión y se lo carga. Por otra parte, el segundo acaba con un brazo menos, porque lo único que le gustaba era practicar el onanismo viendo como el cura se paseaba delante de él y, a estas alturas, no estaba para juegos preliminares.

            Creyendo que al final va a acabar con los huevos más duros que la frente de Steven Seagal, se pone nervioso, y acaba destrozando al único pretendiente que parecía darle juego, el índio, el cual ya se había preparado para una sesión sado, consolador en mano incluido.

            Con la inquietud que le provocaba todos los fracasos anteriores, decide serenarse y fijar un blanco. Elige al Chuache, ya que le vio el culito en Terminador y no pintaba mal. Para eso se deshace de la chica, dejándola escapar y del chico, mandándolo a buscar los papeles de Salamanca.

            Viendo el Chuache que la enculada es más que inminente y, aceptando su destino, le propone un ultimátum. Una lucha en el barro. Nuestro camarlengo, observando al coronel todo untadito en barro, con los músculos relucientes, totalmente entregado, el cardenal se acuerda que se ha dejado el lubricante en la Enterprise Papal. Así que se citan para la noche, recomendándole a Chuache que buscase un lugar especial, con una hoguerita y un lago, para que se pudieran bañar los dos abrazados, a la luz de la luna.

            Una vez todo listo, todo preparado, comienza una noche memorable. Los dos estaban totalmente entregados. Primero pasaba a la acción uno y después el otro. Se miraban. El rostro recortado por el fuego, los torsos manchados por el barro, las piernas mojadas del agua. Después de mucho batallar, Chuache ve al cura doblegado, apunto de caramelo, y le invita a entrar en su lindo agujero una última vez.

            Rendido el cardenal, exhausto hasta no poder más, decide que ha alcanzado la cima del mundo (mamá), que ya nunca gozará como lo ha hecho esta noche y por eso le propone al Chuache un suicidio pactado a base de cantidades ingentes de chili. Pero nuestro heroe decide que ya le escuece suficiente el culo como para que le entren ardores ahora en el fistro duodenar y se va por patas, dejado a nuestro camarlengo con el corazón (y demás vísceras) destrozado. Fin
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1 comentario

Richard Mathelson -

Estas seguro de tu sexualidad es que leyendo lo que he leido ahora me da que pensar
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