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katakrek

La mano en el orinal

La mano en el orinal

            La tarde pintaba bien. Humo de cigarros, cerveza por doquier, buena compañía. Brasil había ganado a Chile por tres a cero… tres del mismo, el mismísimo Robinho.

            Cuando ya creía que la fiesta iba a acabar, mis colegas me comentaron que de allí no se movía nadie, que en media hora venía un tipo pegado a una guitarra, a cantar lo que no está escrito. La perspectiva de mi gordo culo repantigado, en el sofá de mi apartamento, me ayudó a no refunfuñar más de lo esperable.

            El artista llegó puntual. Desalojó la pequeña salita en la que nos encontrábamos y no invitó a sentarnos en la adyacente. Desmontó sus bártulos. Montó el equipo. Su compañero empezó a colocar sus dos tambores, uno al lado del otro, corrigiendo nimiamente, cada tres segundos, la posición de los mismos, con una inusitada puntualidad inglesa.

            Al rato empezaron a afinar… Y entonces, poco a poco, se empezó a mascar la tragedia.

            La guitarra nada más que emitía, a través de los altavoces, un chisporroteo molesto. El guitarrista parecía conocer el origen del problema. La pila de la guitarra, que servía para modular el volumen hacia los altavoces, no hacía buen contacto.

            Observé como, torpemente, cogía unas cuantas de esas servilletas de papel ásperas, típicas de los bares cutres. Hizo una pelota con ellas, e intentó utilizarlas a modo de refuerzo, en la hendidura que albergaba la pila,… con la pila dentro.

            Por la cara del individuo, vi claramente cómo se empezaba a cagar en la ley de resistencia de materiales, ya que, cada vez que intentaba introducir la pelotita de marras en el hueco, esta se aplastaba y no entraba. Probó millones de combinaciones, como tratando de convertir la pelotita en un amago de planeta cambiante, algo así como Solaris.

            Poco después, creo que empezó a cagarse en Einstein y la teoría de la capilaridad, ya que con el sudor de las manos, el papel se empezaba a desmenuzar…

            Todo el mundo reprobaba esta situación, chistaba y comentaba con sus compadres lo patético de la situación. Esto no hacía si no poner más nervioso al artista.

            Había que hacer algo, los tiempos del todo o nada habían vuelto. ¡COÑO, HABÍA QUE HACER ALGO, JODER! Y ese algo lo iba a hacer yo. Por España.

            Me levanté de un salto, gracilmente. Se oyeron oh’s! y ah’s! y caralho’s! El guitarrista me observaba con mirada ansiosa, sabiendo que solamente yo podía ayudarle.

            Grité: ¡Un momento! Al mismo tiempo, me llevé la mano derecha al bolsillo, y saqué el paquete de Marlboro, mientras que con la izquierda, asía tres servilletas de papel. Con un pequeño y rápido movimiento de muñeca, doble los papelillos y los metí dentro del chivato del paquete. Doble el chivato hasta formar un cuadrado tan perfecto como la vocalización de Stephen Hawking. Acto segudo, encendí mi mechero y prensé, gracias al calor de la llama, el plástico al papel.

            Finalizada la maniobra, me decidí a abrirme paso entre la gente, paralizada ante la exactitud de mis movimientos. Cogí la guitarra, e introduje el plástico en la hendidura. Devolví la guitarra, miré a los ojos del infeliz, y asentí.

            La guitarra empezó a sonar, y que me aspen si no creí oír a Dios. En ese momento, la gente aplaudió y me rodearon. El dueño del bar me regaló una birra. Corre por cuenta de la casa, chaval. Las tías hacían cola por comerme el rabo, de puro agradecimiento. Sus novios me decían si les podía tatuar mi nombre en su culo. Joder.

            Ésta, es mi historia.

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5 comentarios

Mari -

¡Si señor, el puto amo!
Aún me duelen los riñones de las risas que me he echado imaginándome las caras del público.
¡Nos vemos pronto!

katakrek -

Por supuesto que es cierta! Excepto por la parte de los tatuajes en el culo... en realidad eran hierros candentes.

M.A Berrakus -

JAJAJAJA. Me he partido compare.
Si es que donde esté un españolito de bien...
Joder, parecemos legionarios pero bueno, la historia de ser cierta es cojonuda.

katakrek -

Apreciado Engelson, gracias por pasarte por esta, mi humilde morada transcontinental. Y tienes razón, por el bien común, por la memoria de mis antepasados y... sobretodo... por España!

engelson -

joder que bien contado, McGyver a tu lado es un simple aficionado, qué sangre fría y qué capacidad de resolver marrones inesperados, y todo por el bien común, no me extraña que te quisieran comer enterito
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