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katakrek

Hoy, al estilo de Tannhauser

Hoy, al estilo de Tannhauser

Por mí se va hasta la ciudad doliente,

por mí se va al eterno sufrimiento,

por mí se va a la gente condenada.

La justicia movió a mi alto arquitecto.

Hízome la divina potestad,

el saber sumo y el amor primero.

Antes de mí no fue cosa creada

sino lo eterno y duro eternamente.

Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza.

            Sieteaeme. Suena el despertador. Igualito que las trompetas de Apocalipsis (según San Juan). Mi pequeño ocaso diario. Lo bueno es que este momento es el único que domino del día. El hecho de decidir cada noche la hora del despertar me otorga un poder, poder que se me antoja hipócrita, comparado a cómo vivo el resto del día. Pero es cierto, en ese impás, en ese lúcido momento, yo tengo el poder, yo domino la horizontal y la vertical.

            Dirijo mis manos a la cafetera y me doy cuenta que no hay café. ¡Maldita sea! Pié izquierdo amigo. Mientras se calienta, me dispongo a asearme un poco. “Acabado pero limpio”, que no se diga. El agua fría del grifo me recuerda el mundo en el que vivo, sin concesiones. De fondo suena Rusty Cage, de Soundgarden (no muy alta, no vaya a molestar). Bonita ironía. Por muy oxidada que vea mi jaula, no soy capaz de romper los barrotes. ¿Porqué me torturo así? ¿Es que acaso la tremenda monotonía no me ha enseñado nada? Ya se sabe, nos gusta tropezar con la misma piedra.

            Ochoaeme. Misma hora de ayer, misma hora de mañana. Echo la mirada atrás, como para cerciorarme que en verdad es cierto que me voy a equivocar una vez más. Sí. Voy a ir al trabajo. De reojo capto la mirada interrogante de Íran, que en ese momento se iba a dormir. Jodida gata. Lo peor (o lo mejor) es que, debido a su irracionalidad, no sabe la suerte que tiene. Suerte de no tener que arrepentirse de tener libertad. Santa monada. Supongo que la tengo porque todo el mundo tiene que ser un poco bipolar, y ante la imposibilidad de vivir dos vidas en mí mismo, le doy una oportunidad a ella. Llegaré tarde. Cierro la puerta. Abro la del portal. Comparada con el aire de hoy, el agua del grifo estaba tibia. Veinte minutos para la etapa de montaña, después dos puertos de segunda más, un puerto especial y a acabar la etapa en subida. Quedan aún muchos golpes de pedal. 

            Nueveaeme. Llego a la tienda. Creo que Dante debió tener la misma Divina sensación que yo al atravesar las puertas del averno. Nueve círculos infernales, nueve horas en las que consumir mi vida. Por aquí circularán todo tipo de individuos, pecadores, cada cual de peor calaña que el anterior. Y yo estaré aquí, viendo pasar esa caterva, esa conjura de necios, aguantando sus estupideces. Solo de pensarlo me empieza a atacar la migraña. Puedo sentir su mano caliente presionándome la sien. Cada sonrisa que me veo forzado a dibujar en mi cara, cada aparato inútil que tengo que buscar en la base de datos, es un pequeño tronco que aviva un poco más la llama que calienta esa mano. Parece que Dios mismo se la haya tomado conmigo. Puedo oir su voz, gritando “Más madera” cada vez que se abre la puerta.

            El único consuelo que tengo es el de siempre. Pensar que cada minuto que pasa es un minuto menos. Pero la verdad, es que debo hacer grandes esfuerzos para no darme cuenta que también falta cada vez menos para el mañana, que siempre es hoy.

            ¿Acaso no me lo he buscado? A veces esta pregunta me viene a la mente. ¿Es posible que quiera hacer esto? Puede ser, sin duda. La verdad es que creo que haber leído a tantos besalonas me tiene que haber cambiado el carácter. Bukowski, Fante, Walser, Celine... Viendo esto me doy cuenta que el exceso de información es más perjudicial que la falta del mismo.

            Nuevepeeme. Después de una jornada laboral anodina me embarco hacia casa (sí, podría haberme quedado cuando volví a comer, pero decidí postergarlo para una mejor ocasión). Hoy me ha tocado hacer caja. ¡Odio hacer caja! Y sobretodo cuando no cuadra. Pero tengo bién claro que es por culpa mía. Las máquinas, como mi gata, nunca se equivocan. Pero yo, enfrentado a algo con números fallo, seguro. Ya sabéis que yo y las matemáticas no nos llevamos bién. Gracias a todo esto, he llegado a tener unas de las más palpitantes migrañas de mi vida. No sé donde se habrán metido las endorfinas, pero a mi el dolor no me produce placer, por muy acostumbrado que esté a él.

            Al salir de la tienda veo un mensaje de Samuel y una llamada perdida de Sergio. Hoy toca Perro. Pero no pienso ir. Sería una buena manera de acabar un mal día. No voy a osar yo a cambiar el devenir de mi vida. Ese no seré yo. Además, tal y como está el horno, saldrán unos bollos preciosos. Así que no desperdiciaré el día y me sentaré en el ordenador y me volcaré en él.

            Unaaeme. Después de una cena frugal y tres horas desescribiendo textos, he colgado mi último post en mi bitácora. Las mismas palabras de siempre. Creo que he creado una nueva forma de escribir. La he bautizado migrañear. Seguramente no soy el primero que la utilizo, ni el último.

            Destrozado, me dirijo a la cama, y vuelvo mi mirada otra vez atrás. La gata está en la misma posición. Para ella no ha pasado el tiempo. Se ha levantado, ha pasado el día y se va a dormir otra vez. Igual que yo. La única diferencia es que yo estoy aquí para ser testigo de su vida. Y de la mía. Apago la luz.

            Siempreaeme. Cierro los ojos e intento no hacer balance. Seguramente es por el dicho Zen ese de las lágrimas en la puesta de sol y las estrellas. Me refiero a que soy injusto conmigo mismo. Porque en el fondo mi vida no es tan mala. Porque tengo amigos. Porque soy inteligente. Porque tengo el cráneo bién proporcionado. Porque en el fondo soy un optimista. Siento que si no fuera yo me estaría fallando a mí mismo.

            Si crees que no has tenido suficiente con atravesar las puetas del infierno, atraviesa las puertas de Tannhauser.

 PS: Agradecimientos al Sr. Aurelio, por la cesión de la foto que acompaña el artículo. Pueden revisar su interesante trabajo en http://www.arte-redes.com/nocturama/

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8 comentarios

Nocturama -

Hola
Me alegro que te guste la foto que tomé, pero está mal lo que hiciste. Por qué actuás como un ladrón? Por qué borraste el nombre de mi web, el crédito en la foto? En el fotoblog te cuento que podés usarla pero siempre mostrando de dónde viene la foto. Te pido que corrijas esto. O bien uses la original con el crédito o debajo aclares que la foto no es tuya y coloque mi nombre. Gracias.
Marcelo Aurelio
Nocturama Fotoblog.

Javi -

Juas, juas, juas... me parto...ummm...

Sólo añadir tres cosas más:

Cabrones

CABRONES

¡¡¡CABRONES!!!

YASTÁ...

Kamikazecowboy -

Magistral amigo. Lo has plasmado a la perfección, aunque te has dejado un pequeño detalle, no has dicho que este era el último texto y que cerrabas el blog para siempre...jeje

katakrek -

Gracis Wos, me encanta superar siempre tus espectativas, juas. Prometo dedicar más tiempo al blog, de aquel que no tengo.

Javi, me alegro que te haya gustado, todo lo he escrito desde el cariño. Por supuesto que nos vemos esta noche. 23 hours, the birra committee.

Por otra

Javi -

¿Ese soy yo?... ¡Coño!... pues vista desde aquí la migraña parece doler menos y ser un besalonas se antoja mucho más atractivo... Me gustó eso del "mañana, que siempre es hoy"...

Y touché por lo del perro... entono el mea culpa...

Esto hay que hablarlo mañana!!!

woswis. sí, otra vez, qué pasa! -

y me permito añadir que ya era hora de que volvieses a darde aire a tu blog, coño.

woswis. sí, otra vez, qué pasa! -

y me permito añadir que ya era hora de que volvieses a darle aire a tu blog, coño.

woswis -

Bravo tronco. Sinceramente esperaba menos... A mí me ha gustado, y eras el que más difícil lo tenia a priori... Bravo una vez más!
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